Recogen más de 200 firmas para el indulto del condenado por el motín de Fontcalent

10/04/2010

J. A. M. Los familiares de Miguel Ángel Aguado, otro preso encarcelado recientemente por el motín de Fontcalent, han recogido 200 firmas para presentar la petición de indulto. El lugar escogido para su campaña ha sido frente al órgano que le condenó, la Audiencia Provincial. Aguado Quilón llevaba más de diez años en libertad y, según su familia, había rehecho su vida cuando ha tenido que ingresar en prisión otra vez para cumplir la condena por el motín de Fontcalent. La reciente excarcelación de Manuel Pinteño, uno de los cabecillas del motín, ha sido aprovechada por la familia para pedir que le pongan en libertad como a él. La familia tiene de plazo hasta el miércoles para recoger las firmas para tratar de pedir el indulto y estarán la próxima semana en centros comerciales y pueblos de la comarca.

Fuente: Información

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IV Jornadas contra la Tortura, Sevilla marzo de 2010

06/04/2010

Los días 5 y 6 de marzo de 2010, las 45 asociaciones que ahora forman parte de la renombrada COORDINADORA PARA LA PREVENCIÓN Y DENUNCIA DE LA TORTURA (CPDT), celebraron sus IV JORNADAS “CONTRA LA TORTURA”, para analizar los cambios ocurridos en los últimos años, valorar sus
implicaciones y renovar su compromiso de trabajo de la prevención, denuncia y erradicación de la tortura.

Documento de Conclusiones


Manuel Pinteño: ´Todavía pienso en fugarme´

28/03/2010

Tarda menos en enumerar las cárceles en las que no ha estado que por las que ha pasado. Treinta y dos años y medio preso, 24 de ellos en aislamiento, dan para mucho, tanto como para conseguir el record de ser el recluso de la historia de la democracia sin delitos de sangre, sexuales o de terrorismo que más tiempo ha permanecido entre rejas. Desde hace 25 días es un hombre sin cuentas pendientes con la Justicia. Debe ser por eso que, pese al vértigo de su incorporación al mundo de los libres, asegura que ya empieza a caminar sin mirar hacia atrás por si alguien le sigue los pasos. Como cuando se fugaba. Y de eso sabe algo: lo hizo en siete ocasiones.

MERCEDES GALLEGO

Tiene mejor aspecto que cuando el pasado día 3 atravesó las puertas de la prisión granadina de Albolote poniendo punto y final a un largo periplo por prisiones de prácticamente todo el país en las que entró siendo adolescente y ha salido abuelo. La cita es en plena sobremesa y, pese a lo temprano de la hora, la casa luce recogida, sin rastro de la comida familiar que acaba de compartir con su mujer, Mercedes, y con dos de sus seis hijos. Y él, acicalado como un novio. Polo blanco y negro, vaqueros, americana de cuero y pulcramente afeitado y peinado. Muy diferente de la imagen de aquel Pinteño que en la repetición del juico por el motín de Fontcalent del 91, encaramado en el tejado de la prisión y blandiendo un pincho, le lanzó a la fama, cuando lucía barba y melena de naúfrago. Y todo por una promesa, explica, la que le hizo a la mayor de sus nueve nietas de no cortarse el pelo ni afeitarse hasta que no volvieran a verse. Y pasaron cinco años.
Dicen que la cárcel rehabilita. ¿Usted qué cree?
Todo lo contrario, la cárcel te hace más borde.
Algo bueno tendrá el sistema penitenciario, ¿no?
Absolutamente nada. Hablan mucho de reinserción, pero es falso. Una cosa es lo que muestran de puertas para fuera y otra, lo que no se ve, que es donde están los presos.
¿Qué es lo peor de estar preso?
Estar allí dentro. Y las torturas, las palizas…
¿A usted le han torturado?
He tenido muchas broncas con los carceleros, peleas… yo he ido al hospital, pero ellos también.
Ha estado preso casi 33 años de los que 24 han sido en régimen de aislamiento. ¿Cómo se explica que ahora esté aquí, lúcido, respondiendo a las preguntas de una entrevista?
Yo mismo me sorprendo, no me lo explico… Quizá lo haya superado por las ganas de recuperar lo que tenía antes del entrar en la cárcel, de recuperar, sobre todo, a los míos. Eso ayuda mucho. Ha habido veces en que me he hundido, pero pensar en volver a estar con mi familia y ser libre me daba mucha fuerza.
Eso lo dice ahora que está en la calle, pero ¿cómo se sobrelleva el día a día?
Con la cabeza, disciplina y un poco de deporte (jugaba al frontenis). Sin el deporte y las rutinas que me imponía la mente me hubiera traicionado porque he estado 24 años sin relacionarme nada más que con un preso con el que coincidía en el patio. También tenía el apoyo de los compañeros anarquistas y de los medios de comunicación.
¿Barajó en algún momento quitarse la vida?
Nunca, y conocí a mucha gente que lo hizo. Pero antes de matarme yo me hubiera cargado a alguien. O pensaba así o me venía abajo.
¿Qué pensaba cuando por las noches se apagaba la luz?
Siempre piensas lo mismo, de noche y de día: en el momento en que se abra la puerta y vuelvas a ser libre. O en saltar un muro y salir. Pero es mejor la forma en que lo he hecho. Ahora voy por la calle sin mirar hacia atrás. Cuando he estado evadido iba todo el día en tensión. Ahora puedo caminar tranquilo, aunque no me gusta hacerlo solo.
¿De qué tiene miedo?
No es miedo. Es verdad que los coches van ahora más rápidos. Pero lo de ir con alguien no es sólo por eso, es que ya no conozco Elda. Yo soy de aquí, pero en estos años el pueblo ha crecido mucho y me cuesta orientarme. Y después de tanto tiempo solo me gusta estar acompañado, sobre todo de mis hijos, que se turnan para estar conmigo. Aún no me he movido ni un metro solo.
Sentado en el sofá, junto a Manuel, le escucha con atención Daniel, el menor de su seis hijos que tenía once meses la última vez que vio a su padre libre. Y fue durante la fuga del 14 de agosto del 86, la última de su largo historial de evasiones.
¿Qué le llevaba a fugarse a sabiendas de que con eso empeoraba su situación?
Yo sabía el riesgo que corría, pero salía y en esos días ayudaba a la familia en lo que podía.
¿Era consciente de que le acabarían pillando?
O matando. Tenía más presente eso que el que me pudieran echar el guante porque las órdenes eran de disparar a dar. En Valencia salí a tiros, en Barcelona también, por Las Ramblas, como en las películas. Me dieron el alto y como yo también llevaba un arma … pero nunca hubo muertos.
¿Cuándo llegó a la conclusión de que no valía la pena fugarse?
Nunca dejé de pensar en fugarme, hasta el último segundo antes de salir libre. Incluso ahora lo sigo pensando.
¿Pero usted es consciente de que ya está en libertad?
Soy consciente desde el primer día, pero pega fuerte salir después de tanto tiempo. Además, este último año lo he pasado fatal porque tenía que haber salido el 17 de junio del pasado y entonces me aplicaron la ley terrorista esa (por la doctrina Parot, que obliga al cumplimiento íntegro de las penas).
¿A qué atribuye que, sin delitos de sangre, sexuales o de terrorismo haya estado tanto tiempo preso?
Pues por rebelarme contra las normas. Cuando entras en una cárcel, o te dejas pisotear o sales por encima. Y si te sales se crea todo esto que se ha montado en torno a mí cuando sólo soy un pobre desgraciado. Y supongo que también pesó el que no accediera a la proposición que me hicieron de matar a unos etarras.
Usted siempre ha mantenido esa historia.
Es que es verdad. Como Eta estaba matando fuera, unos señores nos propusieron, a mí y a otros, que acabáramos con los cabecillas (Parot y Troitiño) que estaban presos con nosotros a cambio de liberarnos.
¿Por qué no aceptó?
Porque traicionaba a un compañero y luego, cuando saliera, me hubieran pegado un tiro. Como le pasó al Nani.
¿Temió por su vida después de rechazar la propuesta?
Lo pensaba, pero tenía más miedo a que le hicieran algo a mi familia.
Mercedes, una gitana de ojos vivos, su mujer y la madre de sus seis hijos, ha estado trajinando y ahora se incorpora al salón de la casita de dos plantas, situada a medio camino entre Elda y Petrer, donde han comenzado esta nueva andadura después de una vida separados. El mayor era un niño cuando el padre cayó preso pero gracias a las fugas y a los vis a vis la familia fue creciendo hasta los seis varones que hoy se reparten entre la veintena y la treintena. “Y todo lo tuvo que hacer ella sola, es una luchadora”, interrumpe Manuel para precisar que es su mujer y no él quien de verdad tiene una historia humana y bonita que contar.
Ingresó en prisión con 19 años y un hijo pequeño y ha salido con 52 años, cinco hijos más y diez nietos. ¿Cómo se sobrelleva ser padre y abuelo entre rejas?
Es muy duro porque me daba cuenta de que me estaba perdiendo compartir el día a día con ellos. Y aunque de joven haya sido un golfante, que lo he sido, mi familia siempre ha estado por delante.
¿Qué le gustaría transmitirles?
Lo único que les puedo enseñar ahora es que no cometan los errores que yo he cometido e intentar llevarles por el buen camino, porque son jóvenes y se pueden desmadrar. Ahora quiero ejercer de padre, lo estoy haciendo y es muy agradable.
¿Cree en la Justicia?
No puedo creer porque… tengo un hijo condenado por un delito que no ha cometido, sólo por llevar el apellido Pinteño.
¿Piensa que su apellido les perjudica?
En cierto modo sí. Ahora se están cebando con ellos por lo que no han podido hacerme a mí.
¿Hay una Justicia para ricos y otra para pobres?
Hay una justicia para los ricos y una injusticia para los pobres.
¿Le han atribuido algún delito que no hubiera cometido?
Me han condenado por cosas que no he hecho. Hubo tres atracos por la zona de Sax con los que no tuve nada que ver pero por los que me metieron seis, seis y seis: dieciocho años en total sin haberlo comido ni bebido.
Pero seguro que también se habrá librado de alguno.
De muchas (risas)… si me hubiesen pillado en todos, me fusilan. Me he librado de algunos porque era escurridizo. No es una vida agradable, pero una vez que te metes es muy difícil salir porque ves dinero fácil. En mi caso no era por la droga, yo nunca me he drogado. Mi propósito era tener una casa propia y tal vez, si lo hubiera conseguido, lo habría dejado. No sé… Sólo quería darle todo lo mejor a mis hijos pero me salió mal y en vez de darles lo mejor les he dado lo peor.
¿Se arrepiente de algo?
No soy una persona de arrepentirme. Miro hacia atrás y pienso que algunas cosas no las haría o las haría de otra forma. Pero una vez hecho algo ¿de qué sirve arrepentirse? Soy más de mirar a lo que viene.
¿Y qué ve?
Cuando no haya tanto paro, trabajar. No me da miedo el trabajo. Lo que sé es que he rectificado mi vida y que no voy a volver a caer.
Si pudiera, ¿les pediría perdón a sus víctimas?
Sí, porque cometí errores … Ya entonces, cuando tenía un arma entre mis manos, era consciente de que estaba jugando con la vida de gente que no me había hecho nada.
¿Siente rencor por esas tres décadas encerrado?
A veces sí, pero no tengo intención de sacarlo a relucir ni que me condicione la vida.
¿Qué les dice a quienes apuestan que no tardará mucho en volver a delinquir?
Que no me afecta. Cada uno es libre de opinar lo que quiera, pero hay que darle tiempo al tiempo.
¿Hay algún momento de su estancia en prisión que recuerde con cariño?
Lo mejor, los amigos que he hecho y el apoyo que me han brindado.
¿Y alguno especialmente malo?
Todos, pero el peor fue cuando falleció mi padre. Yo estaba preso en Alicante y no me dejaron ir al entierro. Fue uno de los momentos más duros y del que me costó recuperarme. ¡Que no te saquen cuando se te muere un ser querido! Luego vinieron el director y un subdirector a hablar conmigo y se lo dije: “os tengo que dejar un recuerdo peor que el mal trago que me estáis haciendo pasar a mí”. La impotencia que sentí fue muy grande y eso tuvo mucho que ver en el motín de Fontcalent.
Pero su actuación en el motín, dicho por el juez que investigó el caso, impidió que fuera más sangriento de lo que fue.
El juez… si, Luis Segovia. He leído sus artículos y una vez lo vi en televisión diciendo que lo que estaban haciendo conmigo era una cadena perpetua encubierta. Ha sido el único juez que me ha defendido, que ha mirado más allá en vez de aplicar la ley y nada más. Ha estado dando la cara denunciando la pasada que se han pegado conmigo. Porque yo entiendo que cometí delitos y que tengo que pagar, pero joder… de ahí a tirarme 32 años y medio dentro.
Le preguntaba por su papel en el motín.
Mi objetivo principal en el motín era intentar fugarme. El segundo, las reivindicaciones. Había compañeros que se estaban muriendo de sida postrados en una cama… Se lío todo y se montó el tumulto.
Un tumulto al que usted puso cierto freno.
Claro, es que si no, la gente se desmadra y en vez de un motín aquello hubiera sido una carnicería. De eso era consciente desde antes de que empezara el follón. El riesgo de que se desmadrara era muy grande y, si se nos iba de las manos, el objetivo que buscábamos se cambiaba de blanco a negro.

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Un juzgado investiga si hubo negligencia en la muerte de un interno del Psiquiátrico

06/12/2009

El reo murió al incendiarse su celda y la familia quiere saber por qué la puerta se atascó y cómo pudo prender fuego

S. ESCRIBANO / P. C. El juzgado de Instrucción 1 de Alicante ha reabierto, por orden de la Audiencia y a petición de la familia, la investigación por la muerte de un interno del Psiquiátrico de Fontcalent tras incendiarse su celda a principios de año. La madre del fallecido se ha personado en la causa para conocer las circunstancias en las que se produjo el fallecimiento y que se esclarezca si hubo alguna negligencia.
“Sabemos que la puerta estaba atascada, que se metió un extintor por la trampilla y que desde fuera se intentó paliar el incendio. También que desde que ocurrió el suceso hasta que fue trasladado al hospital -donde falleció días después- pasó un tiempo, en el que puede que estuvieran asistiéndole en la enfermería del centro. Queremos que se aclaren todas las circunstancias y saber si el fuego se originó por un mechero y si de ser así funcionó el detector de metales o si se utilizó algún acelerante”, argumenta el letrado de la familia, Juan Carlos Flores. El abogado incide en que “no sospechamos nada, pero queremos saber cómo ocurrió todo exactamente y si al final de la investigación tenemos alguna sospecha, pediremos la imputación de quien corresponda”.

Tras la muerte, el juzgado cerró el caso y la familia recurrió ante la Audiencia, que recientemente ha ordenado su reapertura para que se esclarezcan las causas. Por el momento, el juzgado ya ha citado a algunos testigos y ha solicitado un informe al Psiquiátrico y el historial médico del fallecido.
A instancia de la familia, el magistrado también ha pedido tanto al Defensor del Pueblo como al juzgado de Vigilancia Penitenciaria que aporten los informes que realizaron este año sobre las deficiencias en el Psiquiátrico de Fontcalent.

En el informe elaborado por la anterior juez de Vigilancia Penitenciaria, Montserrat Navarro, en febrero se hacía referencia la falta de seguridad en las instalaciones, al déficit de profesionales para garantizar un buen control y a la carencia de un protocolo contra incendios, como también denunciaron los sindicatos días después del fallecimiento del interno. El informe se realizó en un periodo de gran tensión y malestar entre los trabajadores, pues días antes del incendio otro interno intentó estrangular a una enfermera y poco después otro quiso quitarse la vida.

En abril, el Defensor del Pueblo exigió mejoras en el Psiquiátrico por la masificación y la falta de recursos.
Estos dos informes se aportarán a la investigación que, por el momento, no ha hallado ningún motivo de negligencia, según confirmaron a este diario fuentes judiciales.

El incendio se produjo en la celda del interno, natural de El Puerto de Santa María (Cádiz), el 13 de enero, pero el herido falleció 20 días después en el Hospital General de Alicante por graves quemaduras.
Según pudo saber este diario, el incidente se agravó porque la puerta de la celda se quedó bloqueada por la dilatación de las juntas y no podía abrirse, por lo que los funcionarios recurrieron a una “pata de cabra” para poder acceder al interior y rescatar al interno, que padecía esquizofrenia y cumplía con una medida de seguridad por un robo con violencia.

Tras el incidente, los sindicatos, la Junta de Personal y el Comité Intercentros difundieron un comunicado para desmentir al director y asegurar que no existía protocolo antiincendios ni plan de emergencias ni de evacuación, además de acusar al gerente de mentir al afirmar que el colchón del interno era ignifugo, ya que el fallecido tenía quemaduras por todo el cuerpo. También rechazaron que se responsabilizara al personal al afirmar que hubo fallos en el control y señalaron que el interno fue cacheado con la raqueta detectora de metales, un sistema que no detecta en el interior del cuerpo los mecheros que se venden en los economatos del Psiquiátrico.

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La Plataforma de Salud Mental pide el cese del director del Psiquiátrico de Fontcalent

31/10/2009

La Plataforma por la Defensa y Mejora de los Servicios de Salud Mental de Alicante pidió ayer el cese del director del Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent y criticó sus declaraciones en las que justificaba la agresión a un interno al decir que había protagonizado varios incidentes y estaba agresivo. Además del cese la Plataforma reclama el aumento de profesionales sanitarios, una investigación externa sobre las condiciones del centro y la capacidad de gestión del equipo directivo, la instauración de controles del funcionamiento del centro por afectados, familiares y enfermos y que se cierre el hospital y se traspasen las competencias a cada autonomía.

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Un estudio destaca que el miedo social a los enfermos mentales es injustificado

28/10/2009

Londres, 12 oct (EFE).- La probabilidad de ser asesinado por un extraño que sufre esquizofrenia es de una entre 14 millones, según un estudio publicado en la revista médica “Schizophrenia Bulletin” que pone de relieve que el miedo social que generan los enfermos mentales está totalmente injustificado.

Noticia completa: CERMI Aragón/EFE


´Tratan a nuestro hijo como a un perro´

28/10/2009

Una pareja denuncia que su hijo, que está preso en una cárcel psiquiátrica de Alicante, sufre palizas por parte de los funcionarios. “Tiene moretones en las nalgas”, revelan

LOURDES S. VILLACASTÍN / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Una familia de Las Palmas de Gran Canaria ha denunciado ante el Defensor del Pueblo y la Justicia el trato “inhumano” que ha recibido su hijo, de 22 años y enfermo de esquizofrenia y trastorno bipolar, en el hospital psiquiátrico penitenciario de Alicante, donde cumple condena.
“Fue duro, durísimo, saber que mi hijo era esquizofrénico y que tenia un trastorno bipolar pero no vamos a permitir que le traten como a un perro”.

Juan Hernández y Fátima del Carmen Santana, padres de Rubén, un joven de 22 años internado en el hospital psiquiátrico penitenciario de Fontcalet (Alicante) desde el pasado mes de mayo, han denunciado ante la Justicia y el Defensor del Pueblo el trato “inhumano y degradante” que ha recibido su hijo hace unas semanas en el centro, dependiente de Instituciones Penitenciarias.
La denuncia fue interpuesta el 5 octubre después de que su hijo les llamase por teléfono “con voz desesperada diciéndonos que en el psiquiátrico le iban a matar”.

Los padres se desplazaron a Alicante y cuando lograron ver a Rubén en un vis a vis se encontraron con que tenía “contusiones, desgarros, hematomas en espalda, cadera, muslos y glúteos”. Sus padres aseguran que el joven no se pudo infligir los golpes porque tiene moratones hasta en las “nalgas”. E indican que en algunos se ve perfectamente la forma de un palo.

Según consta en la denuncia, el joven fue pegado con “palos” mientras tenía la cabeza tapada con una “manta”. Después, le “arrastraron por el pasillo hasta una celda de inmovilización”. Los padres relatan que los responsables del centro les explicaron que “quizá” los funcionarios se habían “excedido” con el joven. “Nos pidieron disculpas y nos dijeron que tomarían medidas”, añade. Pero los hematomas y la versión de Rubén, que según los padres “nunca ha mentido” porque no es consciente del “daño” que causa, les impulsó denunciar en el juzgado de guardia de Alicante y ante el Defensor del Pueblo.

Fuente:
La Provincia. Diario de Las Palmas.